Nike conserva el liderazgo mundial entre las marcas deportivas, pero su retroceso refleja los desafíos financieros de una industria que necesita transformar la notoriedad comercial en ventas, rentabilidad y crecimiento sostenido. Según el Global 500 2026 de Brand Finance, la compañía estadounidense tiene un valor de marca de u$s27.314 millones, frente a los u$s29.428 millones del año anterior. La diferencia equivale a una pérdida de u$s2.114 millones, un descenso del 7,2%.
La caída también se trasladó a la clasificación internacional: Nike pasó del puesto 66 al 80, pese a conservar la máxima calificación de fortaleza de marca, AAA+. El resultado pone de manifiesto una distinción central para el análisis financiero: el valor de marca no equivale a la facturación, la capitalización bursátil ni las ganancias de una empresa, sino que constituye una estimación económica del activo intangible que representa su nombre comercial.
Para el negocio deportivo, ese activo tiene consecuencias concretas. Influye en la capacidad de fijar precios, captar consumidores, negociar contratos de patrocinio, ampliar mercados y sostener la demanda. Cuando su valoración disminuye, la señal para los inversores y para el sector es que incluso las marcas más reconocidas necesitan revisar su estrategia comercial.

