En ese contexto, los jóvenes y los adultos mayores son los más complicados con el nivel de deuda, al igual que como ocurre con diferentes indicadores económicos. En términos laborales, el primer segmento presenta la tasa más alta de desocupación (16,8% en mujeres y 16,2% en varones), así como también alarma la tasa de informalidad (67,4% en el tercer trimestre de 2025), mientras que los segundos hace años ven a sus haberes perder poder adquisitivo (cayeron 40% entre 2017 y 2025).
Tal es así que, a nivel nacional, la irregularidad entre los jóvenes de 18 a 21 años alcanzó el 37,2% en el primer mes del año, más que duplicándose en términos interanuales; mientras que en los adultos mayores casi cuadruplicó el nivel de un año atrás (2,21% enero 2025), superando el 8%. Si bien la tasa es baja, no deja de preocupar el crecimiento acelerado.
El endeudamiento de las familias refleja un contexto económico aún más complejo, donde los ingresos pierden contra la inflación y el mercado laboral muestra signos de fragilidad. En paralelo, el crédito, especialmente el de corto plazo, se expandió con rapidez, generando una mayor exposición al riesgo.
Entre los jóvenes, además, juega un rol central el crecimiento del crédito digital. Esto se refleja en la irregularidad de las fintech, que es más elevada que en los bancos (42,2% contra 34,3%), lo que evidencia que el acceso más flexible al financiamiento no siempre va acompañado de capacidad de repago. Entre los adultos mayores, el financiamiento vía fintech también muestra niveles de mora más altos 18% frente a 6,8%).
Con jóvenes que ingresan al sistema financiero en condiciones precarias y jubilados que recurren al endeudamiento para sostener ingresos insuficientes, el mapa social del crédito vuelve a tensarse.


