La industria textil profundizó durante 2026 un deterioro que ya atraviesa prácticamente todos los indicadores de actividad del sector. En el primer semestre, la producción cayó 24,4% interanual, frente a una baja de apenas 2,2% de la industria en general, mientras en junio las fábricas utilizaron solo el 46,6% de su capacidad instalada.
Además, la contracción productiva ya tuvo consecuencias concretas sobre el entramado sectorial, con 26.851 empleos formales perdidos desde diciembre de 2023 y 750 establecimientos textiles y de confección menos durante el mismo período.
Los datos surgen del informe mensual de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), y muestran que el problema excede lo que podría ser un mes de pobre rendimiento y permiten identificar varios focos detrás del deterioro.
Por un lado, la producción textil se desacopló fuertemente del resto de la industria y la elevada capacidad ociosa limita la posibilidad de las empresas de absorber costos. A esto se suma una inversión en maquinaria 27,5% menor que un año atrás y una dinámica de precios muy rezagada frente a la inflación general.
Al mismo tiempo, el comercio exterior muestra un cambio relevante en la composición de las compras argentinas. En este sentido, mientras caen con fuerza las importaciones de materias primas, hilados y tejidos, las de prendas terminadas crecieron 60,1% en lo que va del año.

