La cartelera de cine nacional se renueva con un delicioso documental sobre China Zorrilla llamado “El último viaje a China”, otros sobre el músico jujeño Tomás Lipán y el gastronómico Javier Urondo, y una única ficción.
Sin dudas, el estreno más convocante será “El último viaje a China”, muestra la visita de la actriz uruguaya a su lugar de descanso en Laguna del Sauce. Lo que se presenta como un viaje es, en realidad, una travesía por los recuerdos de sus andanzas, anécdotas, actuaciones y reflexiones.
“Lipán”, de Gonzalo Calzada, es otro de los estrenos. Tal como "El último viaje a China", elude las convenciones básicas del documental biográfico. Directamente presenta al músico jujeño Tomás Lipan en medio de las Salinas Grandes charlando con el Diablo. Lógico, porque Calzada viene de hacer películas inquietantes, como las dos últimas de Pepe Soriano, “La noche del hombre grande” y “Donde los elefantes van a morir”, es decir las “Nocturnas”, para decirlo de un modo abreviado, y antes hizo “La plegaria del vidente”, “Luciferina”, historias fuertes y extrañas.
Pero éste de ahora es un diablo bueno, bailarín, fiestero, el diablo del carnaval. Parece amigable. Igual, con toda malicia, se lo quiere llevar de esta tierra. Y el jujeño entona zambas, huaynos, plegarias, interpreta una rica variedad de ritmos mientras le cuenta algunas cosas de su vida, relatos de infancia, por ejemplo, con esa voz viril, sentimental y primitiva que tiene, y la respiración de las frases al modo de los viejos narradores criollos como don Atahualpa Yupanqui, a quien menciona, como menciona también a Jaime Torres y otros grandes artistas de quienes fue aprendiendo. Algunos de esos relatos son antológicos, no cabe otra palabra.
Resta para el final la película de ficción: “Cuatro estrellas”, de Pablo Stigliani (“Bolishopping”, “Mario on tour”) sobre guión de Ulises Puigróss, que también coproduce y actúa en un rol secundario. El título alude a las cuatro mujeres que protagonizan la historia, y al lugar donde viven, que para una de ellas tiene nivel de cuatro estrellas solo porque allí vive con sus amigas y con ellas se siente bien, aunque el lugar no sea gran cosa. De trabajo, son lo que en algunos lados todavía llaman “mujeres de la noche”. También trabajan de día y una de ellas gana más cocinando para los vecinos. Otras dos (una de las cuales es transexual) preferirían triunfar como cantantes, cosa difícil dado el ambiente en que se mueven, y otra parece que está a punto de ascender al rol de “administradora de un privado” y mantenida de un señor que las demás nunca conocen.