El desierto de Atacama, en el norte de Chile, se cubrió de flores después de recibir intensas lluvias. Las precipitaciones, vinculadas al fenómeno de El Niño, permitieron que semillas y bulbos que permanecían bajo tierra durante años germinaran y dieran lugar al llamado “desierto florido”.
En algunas zonas, el agua acumulada superó los 180 milímetros, una cantidad inusual para una de las regiones más secas del planeta. La Corporación Nacional Forestal de Chile (Conaf) estima que la floración podría alcanzar su mayor extensión durante octubre con unas 15.000 hectáreas cubiertas de vegetación.

