Evalúan el costo político del Adornigate

Evalúan el costo político del Adornigate

Una larga arenga sorprendió a la mesa de la Casa Rosada. Sabían los ministros de Javier Milei que la reunión ampliada del pasado lunes tenía como objetivo principal mostrar una foto de respaldo a Manuel Adorni. No esperaban el extenso discurso del Presidente en defensa del vocero.
Hubo miradas cruzadas. La situación de Adorni caldea el clima interno. Para muchos, es insostenible. Pero entre esos “muchos” no se anotan quienes tienen la potestad de removerlo: Javier y Karina Milei.
El Adornigate, por su sencillez, interpela con facilidad a sectores sociales que vienen soportando la motosierra, estoicos hasta acá. Más fácil de entender que el caso $LIBRA, por ejemplo, una trama compleja con ribetes más profundos en la estructura del poder. Sin embargo, acaso por la condición inasible de la criptomoneda, aquel episodio hizo poca mella en la opinión pública.
En cambio, el crecimiento patrimonial inexplicable de quien hasta hace dos minutos asaba una humilde colita de cuadril en una parrilla sin revocar penetró capas que exceden a las redes sociales. Es comodilla en la feria del barrio, en el amontonamiento del transporte público, en el picado del fin de semana. Las encuestas lo relevan y muestran la abrupta caída de la aprobación del Gobierno.
Según un relevamiento de Zentrix, Patricia Bullrich desplazó a Milei en imagen positiva. En tanto, según Trends, Axel Kicillof superó a Milei en intención de voto. Esta última consultora es tildada ahora de “K”, etiqueta que nunca se le había endilgado antes, mientras el Presidente lideraba sus mediciones de forma persistente. En ese tren, otras encuestadoras habían marcado un piso en el aval a la gestión de Milei, con un crecimiento sostenido de la imagen negativa.