El Gobierno nacional emitió, el Acta de Evaluación del Sobre 1 de la licitación para la privatización de la Hidrovía, primer paso para avanzar con el proceso. Se descartaron varias empresas y quedaron en carrera dos: Jan de Nul y DEME para la próxima etapa, un resultado previsible.
Pero la trama detrás de todo el proceso –más allá de lo formal- esconde algunos matices que apuntan a empresarios y políticos asociados para que, esta vez, la adjudicación técnicamente compleja tenga otros condimentos. El primero ya ocurrió: la redacción de los pliegos dejaba afuera a los más competitivos que podían haber sido los chinos, interesados en el proyecto. Podría haber ocurrido que se emule el caso de lo sucedido con Techint versus India, que reveló un sobrecosto del 40% en la oferta local.
La Comisión Evaluadora determinó que tanto DEME NV como Jan de Nul NV cumplieron las condiciones exigidas en los pliegos de la licitación, por lo que se recomendó que avancen a las próximas etapas de evaluación de las ofertas. Anunciaron, oficialmente, que analizaron las presentaciones realizadas por las firmas internacionales Jan De Nul NV, DEME NV y DTA Engenharia, evaluando los antecedentes operativos y capacidad técnica y financiera de los oferentes, así como la presentación de las garantías. Las que no cumplieron tienen una semana para objetar.
Sin embargo, fuentes al tanto de las negociaciones subterráneas advirtieron que la lupa debe posarse sobre lo que podría pasar luego de una eventual adjudicación. Es que, si la licitación quedara para los belgas de Jan De Nul, que operan desde 1995, podría haber un misterioso pase de manos que deje el negocio en otras manos, las que dieran el espaldarazo político, a nivel local. El pliego contiene un esquema integral que combina dragado, balizamiento y servicios adicionales. Con todo, habilita que aparezcan socios ocultos.
Allí serían beneficiados dos viejos conocidos que emergen dentro del esquema: el Grupo Neuss y Mauricio Macri. Pero el intrincado giro de las negociaciones tiene como fronting a un consorcio de fuerte inserción local liderado por el Grupo Román –hoy rebautizado Ciencia al Servicio del Movimiento (CSM)- fundado por el magnate de la logística Alfredo Román. La cercanía del empresario con el expresidente no es secreta. Lo que empieza a recortarse en el panorama es quiénes estarían por detrás del holding para quedarse con una de las obras más codiciadas en Argentina.

